Las ciudades del futuro que queremos

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Este es mi sitio favorito de Berlín, lo he descubierto en el último viaje que hice a la ciudad. La foto la tomé yo misma con el móvil. Lo que ves es real.

Ahí estaba yo, comiendo encantada y feliz un menú ecológico y económico realizado con los productos de ese huerto urbano. Y, a mi lado, pájaros, abejas, niños y urbanitas felices de llenarse de tierra las manos.

¿Cómo no iba a tener una revelación?

En 2050 el 70% de la población mundial estará viviendo en ciudades, aumentando la contaminación, la congestión y la escasez de opciones de vivienda y trabajo… Mientras los pueblos se quedan vacíos, cada vez estamos más «apiñadas» en las ciudades, trabajando más horas, comiendo peor y desconectando de algo que es fundamental para nuestra propia supervivencia y la de las generaciones futuras: la naturaleza, la Tierra.

Ya lo sabemos, cuando demasiados humanos quieren o necesitan vivir en una ciudad, los espacios verdes y públicos se convierten en espacios codiciados por la especulación y los coches, y las viviendas se vuelven cada vez más apretadas y menos asequibles.

llevar la naturaleza a las ciudades

¿Por qué no nos vamos a vivir a un pueblo?

Seguramente tengas muchos motivos o excusas, pero ninguna lo suficientemente contundente.

Como yo, nativa de aldea, que tuve la suerte de crecer en un entorno completamente natural, donde tener huerto es lo más normal del mundo y los precocinados y las prisas todavía una rareza, que aquí sigo, viviendo en el centro de una contaminada ciudad.

Inexplicablemente, vivir en un sitio tranquilo y bonito, viajar menos, generar tu propia energía, tener un huerto, trabajar menos horas y dar más paseos sigue sonando más como un sueño inalcanzable que como una alternativa real.

Y, mientras tratamos de entenderlo, no nos queda más remedio que pensar en otras alternativas.

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Repensar las ciudades.

Llevar la naturaleza a las ciudades y las ciudades a la naturaleza. Renunciar a tanto tráfico y asfalto para que vuelva el aire limpio y el color verde. Ganar espacio. Reducir tanto desplazamiento innecesario. El teletrabajo sigue demostrando que se puede ganar en productividad y felicidad sin necesidad de acudir a la oficina.

Descentralizar.

Una ciudad y un planeta pueden tener tantos centros como necesitemos. Si lo concentramos todo en un mismo centro (valga la redundancia) al final nos encontramos con límites, empezando por el límite del espacio.

Llevar un poco de toda esa vida que sobra en los centros de las ciudades a otros rincones y también a esos pueblos que tanto la necesitan. Llevar la naturaleza a la ciudad y que toda esa vida se disminuya para transformarse en calidad de vida.

Plantar y plantarte.

Llenar de verde cada balcón, cada terraza, cada hueco del asfalto. Y, si no hay, buscar y exigir más huecos para plantar.

¿Hay algo más importante que el aire que respiramos, el agua que necesitamos beber y la comida que tenemos que comer? Que los elementos más importantes y esenciales para la vida vuelvan a ser nuestras prioridades.

Bajar el ritmo. Fundamental.

¿Sabes cuánto tarda en crecer un tomate? ¿Cuánta agua necesita una lechuga? ¿Cuáles son las plantas endémicas de tu zona?

Vivas donde vivas, puedes tener tu propio huerto.

Ya está pasando.

Investiga, abre bien los ojos. Si vas caminando es mucho más fácil verlo. Hay personas que hacen que tu ciudad sea más bonita, más amigable, más saludable, más sostenible. Identifícalas, únete a ellas. Quizás algún día se conviertan en tus vecinas de aldea ;)

Bebedero para abejas en Berlín.
huertos urbanos espacios sociales Berlín
El sitio donde comimos en Berlín.
huertos ciudad
Mensaje del cartel: Este espacio verde es para todos, ayúdanos a cuidarlo (algo así)

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