En modo presente

Este fin de semana me quedé sin móvil. Confieso que lo eché de menos. En parte por las fotos que habría sacado pero, sobre todo, porque muchas veces me habría comunicado con tal y tal persona, justo en ese o aquel momento, rápida y sencillamente.

Pronto me di cuenta de que caminaba por la ciudad sin que nadie que no estuviera a mi lado supiera donde estaba y que estaba obligada a vivir en el momento, en el lugar y con las personas que me encontraba, al 100%. No tenía que revisar el móvil por si había una llamada o mensaje perdido, no tenía nada que decirle a nadie que no estuviera allí.

A pesar de pasarme dos días recorriendo algunos de los lugares más turísticos de la ciudad, sentí, por primera vez desde hace mucho tiempo, una reconfortante sensación de intimidad.

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Una historia sobre The Goood Shop

the goood shop

Hace 4 años no era tan fácil comprar moda sostenible, al menos para mí. Más allá de la segunda mano, me costaba encontrar alternativas cuyo diseño me gustara y que me pudiera permitir (más adelante entendí que lo que había que reducir era el ritmo de consumo y que no estaba bien que las cosas costaran tan poco, pero ese es otro post).

El caso es que entraba en las tiendas que conocía, miraba las etiquetas, hacía muchas preguntas que en general nadie sabía responderme y me quedaba de brazos cruzados. Información que para mí era básica como el lugar y las condiciones en las que había sido fabricado un objeto se me negaban mientras leía y veía noticias terribles sobre las fábricas en países lejanos.

¿Era yo la única que estaba cansada de sospechar explotación en cada uno de los objetos que compraba? ¿Por qué las instituciones no controlaban ese tipo de prácticas? ¿De verdad era tan difícil hacer las cosas de otra manera? Estaba convencida de que una gran parte de los consumidores pagarían un poco más por lo que compraban a cambio de saber que no había sido fabricado en condiciones casi esclavas y dañinas para el planeta.

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No compramos productos, compramos historias

i made your clothes

Las historias le dan significado a nuestros actos, a lo que somos, al por qué estamos aquí. Las historias le dan sentido a lo que compramos y a lo que vendemos.

En las VII Jornadas de Moda Fashion Frame hablé de la importancia de las historias a la hora de cambiar nuestra forma de consumir y de producir para hacerlo de una manera más responsable y sostenible para el planeta y todos sus habitantes. Y lo expliqué a través de tres productos cuyo valor cambia radicalmente al conocer su historia.

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Un viaje en metro

un paréntesis

Era temprano, un poco después de las 8:30 de la mañana del lunes. Hora punta. Todos mirábamos nuestros móviles. Como si ese email, ese whatsapp, esa noticia, ese juego, ese vídeo, no pudieran esperar.

Fue en el cambio de línea. Como todavía me pierdo, acabé en un ascensor. Casi al entrar, noté una presencia detrás y bloqueé las puertas para que no se cerraran. Ahí estaba ella.

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¿Dónde están las buenas historias?

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Raíces voladoras. Fotografía de Antonio Caparrelli

Soy bisnieta de uno de los mejores contadores de historias de los que haya oído hablar. Siempre he tenido envidia de las muchas personas que pudieron escucharlas, tan llenas de realismo mágico y de magia real. Yo llegué 15 días después. Y eso me da un poco de rabia porque creo que, si hubiera podido escuchar tan solo una, la recordaría para siempre.

Desafortunadamente, él nunca escribió un libro. Sin embargo, gracias a las palabras de mi madre, yo pude estar allí.

Hoy, 15 días y 31 años después, 31 de enero, cumplo 31 años. Y esta es la historia de este blog o, al menos, una de ellas.

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